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En el S. XVI se construyó un santuario pequeño y humilde, donde los peregrinos acudían a venerar a la Virgen de la Velilla. Al fin del siglo, esta Virgen era muy conocida y famosa debido a sus muchos milagros y favores, por lo cual recibía cuantiosos donativos y limosnas. Esto hizo que el Obispo nombrara un sacerdote administrador de la Ermita.

Parte de dichas limosnas se destinaron al Hospital de San Antonio de León, que no contaba con suficientes recursos para su  supervivencia. También la parroquia de La Mata de Monteagudo recibió frecuentes ayudas.

Hacia 1600 surgió el proyecto de levantar un templo más grande y suntuoso. Encargaron los planos al maestro de obras Domingo de Lastra y en 1615 comenzaron las obras, que tardaron cerca de un siglo en terminarse. En 1646 se anota en las cuentas el gasto de 30 reales para  “… pan y vino en el remate de la Obra, con los maestros, oficiales, mozos, cura de La Mata y la mayor parte del concejo que se hallaron …”.

El templo constaba de una sola nave con crucero. La Capilla Mayor ocupaba todo el crucero, con el retablo y altar de La Virgen al fondo, estilo renacentista. El trono de la Virgen y su nimbo eran de madera dorada. La imagen de la patrona estaba vestida con manto, pectoral, etc. De este primer altar se conserva un grabado de López Enguídanos. A la derecha e izquierda del crucero, se levantaron los dos retablos que existen en la actualidad.

Tenía una sola puerta de entrada y salida situada en la fachada principal del mediodía. En el exterior, este primigenio Santuario presentaba notables diferencias con el actual.  La parte oeste tenia una espadaña como remate del muro, en la que podían colocarse dos campanas, sin la Puerta de las Procesiones; la parte norte no presenta diferencias; en la parte este no había ventana bajo la estatua de Santo Toribio de Astorga; la parte sur o principal carecía de pórtico, sólo un sencillo portal. Adosadas al muro, a uno y otro lado de la puerta principal, había dos pilastras que subían hasta el alero del tejado, unidas por un arco con el vértice a poca distancia de la cornisa; con tres ventanas, una a cada lado de las pilastras y otra en el centro del arco cegado que las une.

Concluída la edificación el nuevo Santuario, pronto se empezó a pensar en su reforma. Era magnífico y suntuoso pero se quería ennoblecerlo aún más. Comenzó a proyectarse trancurridos unos 20 años después. Hacia 1666 ya se estaban haciendo los primeros trabajos, pero la obra principal comenzó en el segundo centenario de la aparición de la Virgen.

Fundamentalmente, se trataba de poner pórtico a la fachada del mediodía; levantar una torre bella y esbelta que sustituyera a la espadaña; construir un rico Camarín y un gran Retablo para el trono de la Virgen con doble fachada o dos caras para dos altares: el Altar Mayor del templo y el principal del Camarín.

Todos estos planes se hicieron realidad pronto, debido al  incansable Administrador Don Antonio Reyero Villarroel. Primero se comenzaron las obras del exterior, torre y pórtico, ajustadas con el maestro Francisco de Mirones. A su muerte, acaecida en 1673, siguieron bajo la dirección de Don Diego de Falla.

En 1670 se pusieron los cimientos de la torre. Seis años después, concluídas ambas edificaciones: torre y pórtico, se celebró el remate con una “robla”, coincidiendo con la colocación de la última piedra. Ésta, que  se conserva todavía, lleva una inscripción en la que consta “… que se fabricó la torre y el pórtico siendo Administrador don Antonio Reyero Villarroel año 1676″.

En el interior, con más lentitud, fueron realizados todos los proyectos: el magnífico Retablo Barroco de la Capilla Mayor; el nuevo Camarín, aunque su ornamentación se tardó bastante tiempo en terminar; Coro en el vacío de la Torre; Puerta de las Procesiones a los pies de la nave del Templo, etc.

A finales del S. XVII, el Santuario de la Velilla tenía la misma cara artística que hoy podemos contemplar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No obstante, posteriormente, se realizaron obras complementarias de menor trascendencia tanto en la ermita como en sus alrededores. Se prosiguieron los trabajos de ornamentación del Camarín; se construyó el actual Coro de madera y su balaustrada; se levantaron, a la altura de las otras, las dos arcadas del oeste que cogen los portales de la torre (años 1893-1894); se picaron todos los arcos, pilastras y paredes del templo que habían sido dados de cal, menos los portales de debajo de la torre que se dejaron intencionadamente para eterna memoria, como expresamente se dice (año 1899); todo el pavimento del templo se puso de mármol y parte del pórtico frente a la puerta principal (años 1903 y 1928-1929)

Más recientemente, se hizo repaso de la torre y los tejados; instalación eléctrica y de megafonía; colocación del Altar Mayor cara al pueblo; arreglo de la Sacristía y de otro local al norte, etc.

En 1980 fue preciso reponer los objetos de culto desaparecidos, principalmente la Imagen y Trono de la Virgen. También se comenzó el gran proyecto de restauración del Santuario y edificios anejos, bajo la dirección del arquitecto don Macario Prieto y la colaboración del Párroco y encargado del Santuario don Esteban Carrera y del Director de los Museos Diocesano y Catedralicio don Máximo Gómez.

También han sido notables  las mejoras realizadas en la plaza y sus inmediaciones. La Casa de las Novenas se habilitó para la vivienda del Administrador. El Puente de Nuestra Señora, que era de madera, se sustituyó por el de piedra. En el Camino de las Procesiones, que va al “Llano de la Virgen”, se instaló un solemne Viacrucis: catorce grandes losas, perforadas y labradas, servían de soporte a otras tantas cruces de madera, cada una con el rótulo de la estación correspondiente (no se conserva en la actualidad).

 

 

 

 

 

 

 

 

Se fue completando el muro y pretil que rodea al Santuario y allanamiento de toda la plaza. Se ensanchó, y en 1979 se asfaltó, el camino hasta el Puente de Nuestra Señora, de modo que permite la subida de vehículos a la plaza y Santuario.

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Corría el S. XII cuando llegó San Guillermo a  la montaña de Peñacorada muy cerca del pueblo de La Mata de Monteagudo. Así lo avala un documento de la Catedral de  León que, en 1171, reseña la donación del rey Fernando II y la Reina doña Urraca, de un monte de Morgovejo, conocido como Bustraniego, para que edifiquen allí los monjes un monasterio que, en caso de dejar de existir, debiera pasar a la Sede Legionense, mientras que sus monjes deben ponerse bajo la obediencia del ermitaño Guillermo de “Penna Coralda”.

No hay unanimidad sobre este ilustre personaje. Unos aseguran que fue un monje fugitivo del monasterio de Sahagún que huía de los horrores de la invasión de Almanzor. Y,  otros parece que se inclinan a afirmar  que fue un ermitaño, al estilo de San Froilán o San Atilano, que abrazó la vida monacal.

San Guillermo se acogió, en un primer momento, en una gruta en la falda meridional de Peñacorada, cerca de Cistierna. Posteriormente, pasó al priorato de Santo Tomé de Peñacorada, así lo da a entender un documento del S. XVI perteneciente al Monasterio de Villabuena, próximo a Bembibre, donde se trasladaron parte de sus restos.

El priorato de Santo Tomé de Peñacorada estuvo emplazado en las inmediaciones del pueblo de Santa Olaja de la Varga. Así se menciona en documentos de la Catedral de León, en los que está anotado que  todavía tenía prior en 1168.

Cierto es que San Guillermo fundó o se acogió a la hospitalidad de la Abadía próxima al Santuario de la Virgen de la Velilla, en la zona norte de Peñacorada. Esta Abadía se regía por la regla de San Agustín por lo que a San Guillermo hay que considerarlo Canónigo Regular de San Agustín. Elegido abad, gobernó con gran acierto y a su muerte fue proclamado santo. Su nombre asumió la titularidad del monasterio.

En el año 1281, el Monasterio de San Guillermo de Peñacorada es anexionado por el rey Sancho IV a la Catedral de León. En 1306,  la Abadía quedó secularizada ya que el Obispo don Gonzalo la trasladó a la Catedral de León, convirtiendo a un Canónigo en Dignible hasta su extinción en el S. XVIII. En 1394, el Monasterio sostuvo un pleito con la Merindad por razón de pastos. En 1737, amenaza ruina y en el año 1786, el  Obispo Cuadrillero intentó reconstruirlo, pero terminó derrumbándose.

San Guillermo de Peñacorada es el patrono de las fiestas de Cistierna.

En un documento fechado el 5 de Noviembre de 1915, Don Julio Puyol, historiador, jurista, crítico literario y leonés, pone en conocimiento de la Academia de la  Historia  la  siguiente noticia, que transcribimos literal e íntegramente:

“Que don José González, Arcipreste de la Catedral de León, le escribe comunicándole un importante hallazgo arqueológico. Éste, en visita a las ruinas de la famosa Abadía de San Guillermo de Peñacorada, donde se suponía que estaba enterrado éste, halló la portada de un atrio, y a los pocos metros, otra puerta, cuyas jambas de 1,30 m. de altura y de exquisita factura románica, estaban bien conservadas. Asimismo encontró, basas de pilastras renacientes y hermosas piedras labradas con ajedrezados, denticulados, trenzados y molduras bizantinas. Y teme que sean robadas las piedras.

Que buscando el cuerpo del Santo, halló la capilla y en ella un precioso altar monolito sostenido por una columna central, toda rota. Debajo un suntuoso sepulcro, dentro del cual estaba un cadáver con los huesos frescos y bien formados, y entre las costillas unas monedas curiosísimas. El señor Obispo ordenó una inspección ocular hecha por el provisor, el notario de Riaño, dos médicos y muchos sacerdotes, á la que asistieron más de mil personas.  ¿Será el cuerpo de San Guillermo?. Estoy estudiando el asunto, y si hasta hoy no tengo más certeza moral, acaso se llegue á una conclusión satisfactoria. Desde luego, el descubrimiento arquitectónico es importantísimo. Ya le remitiré á usted un croquis del templo.

Que el P. Risco le da noticias del antiguo Monasterio de San Guillermo de Peñacorada en los siguientes términos:

“En las montañas de León, en la parte oriental de la ciudad y en un sitio áspero llamado Peñacorada, huvo un Monasterio antiguo y de mucha devoción y fama entre los que florecieron por las referidas montañas. Argaiz hace memoria de él en su tomo 6, pág. 166, y dice que fue de Monges, y se unió con la Iglesia de León quando en ella se observó la vida monástica; y secularizándose sus Canónigos, hicieron lo mismo los Monges de San Guillermo, cuyo Abad quedó solo con todas las rentas y hecho dignidad de la Catedral de León. Yo he visto las escrituras que hay de este Monasterio en el Archivo Legionense, y de ellas consta que fue Priorato de Canónigos Reglares, cuyo título era Santa María de Valles de Peñacorada. Don Fernando II les dio por privilegio del año 1172 la Iglesia de Santo Tomás de Peñacorada con muchas heredades y posesiones. En el año 1180 les concedió otro insigne privilegio de exención.”

“El mismo priorato se llamó después de San Guillermo, y se unió con todas sus posesiones y privilegios a la Santa Iglesia de León, cuyo Dean y Cabildo obtuvo de D. Sancho IV la confirmación del expresado instrumento de exención por otro privilegio dado en Burgos, domingo 27 días andados del mes de Marzo del año de 1289, en el cual dice el Rey D. Sancho: “Vimos privilegio del Rey Don Fernando de León… de franquezas é mercedes que fizo á la iglesia que solien decir Sancta María de Valles de Penna Corabda, que ha nombre agora San Guillelmo, que es fecho en esta guisa.”

“Pocos años despues, esto es, en el de 1306, en el día 11 de Enero se juntó el Cabildo de la Santa Iglesia de León, y se hizo el decreto siguiente: “Nos Don Gonzalo por la gracia de Dios, Obispo de Leon, y todo el Cabildo de la dicha Iglesia estatuimos y ordenamos que el Priorazgo de San Guillermo de Peña Corada, que hasta ahora era simple Priorazgo y Parroquial Iglesia, de aqui adelante sea dignidad en esta Iglesia de Leon, y se llame Abadía, y este Abad sea obligado á proveer quatro Clerigos, y que los dos sean Sacerdores, y los dos Clérigos in sacris, los quales celebren allí los divinos oficios, y rueguen bienhechores.”

 

 

 

 

 

 

 

 

Que los documentos más antiguos del Archivo de la Catedral de León, referentes el Monasterio de San Guillermo, son del S. XIII (acaso el de D. Sancho IV, de 1289, en el que aparecen incorporados los dos privilegios de Don Fernando II, de los que queda hecha mención), y que desde el siglo XIV no vuelve ya á encontrarse el nombre de  Santa María de los Valles en la citada documentación; pero que en el siglo XVI, y con motivo de haber sido hallada la primitiva imagen de Santa María de los Valles, se edificó un Santuario dedicado a la Virgen, que es conocido actualmente con el nombre de Santuario de la Virgen de la Velilla, el cual está situado a unos tres kilómetros del antiguo Monasterio de San Guillermo.

Que en el Archivo existen muchos y curiosos documentos relativos á este Monasterio, correspondientes á los siglos XVI y XVII, planos del templo, noticias de restauraciones hechas en él, y un pleito sostenido con un arquitecto por no haberse ajustado á las condiciones convenidas, entre las cuales hay una en que se estipula que el ermitaño ha de poner todos los materiales en la plaza del santuario, el pan necesario y el vino de 14 reales cántaro.

Que también se conservan en el Archivo dos actas de visita pastoral: la una, verificada en 1746 por el obispo Fr. José de Lupia y de Roger, y la otra, por D. Cayetano Antonio Cuadrillero, en las que se habla del estado ruinoso en que se encontraba el edificio del Monasterio.

Que el  San Guillermo que dió nombre al Monasterio debió de ser un monje de Sahagún, del que dice Sandoval en sus Fundaciones de los Monasterios de San Benito, que fué uno de los que huyeron de aquel convento al ser destruído por los ejércitos de Almanzor, y el cual hizo vida eremítica en Peñacorada, cerca de Cistierna, y luego monástica en Santa María de los Valles. En el primero de estos parajes existe una gruta, en la que hay un altar dedicado a San Guillermo, y en el que se dice misa el día 28 de Mayo.

“Que la tradición de que San Guillermo, monje del Monasterio de Sahagún, evadiéndose del estrago de esta grande Abadía hecho por Almanzor en el año 988, se refugió y murió en el priorato de Penna Corabita (nombre romanceado en Peñacorada) del valle de Riaño, al Norte de la ciudad de León, se confirma por dos escrituras, de las cuales dió noticia sustancial D. Vicente Vignau, en su Ïndice de los documentos del Monasterio de Sahagún“.

Que el monje debió morir hacia la mitad del siglo XI y ser enterrado en Santa María de los Valles. Que los restos srquitectónicos encontrados en las excavaciones son de mediados de la citada  centuria. Que el sepulcro hallado debajo del altar era de losas.  Que fuera del recinto se encontró otro sepulcro con una inscripción, en caracteres  del siglo XII.”

LA MATA DE MONTEAGUDO

A dos kilómetros y medio de El Otero de Valdetuéjar y a 300 mestros del Santuario de la Virgen de la Velilla, llegamos al pueblo que se llama, La Mata de Monteagudo.

Situado al nordeste de Peñacorada y al este de  Peñavilla, La Mata de Monteagudo está a  1.120 m. de altitud. Rodeado de frondosos bosques, su entorno paisajístico es incomparable. Nos atrevemos a asegurar, sin pecar de exagerados,  que es el más bello pueblo de todo el valle del Tuéjar, rodeado de unas preciosas vistas.

 

 

 

 

 

 

 

Hay una pista que sube hasta la collada de Fuentes de Peñacorada, a los pies de Peñavilla, desde donde se divisa hasta más allá de Sabero. Esa pista llega hasta Cistierna y se puede recorrer en un todoterreno. Allá por los años 50, con el fin de dar vida al valle, un personaje ilustre del pueblo, del que hablaré en otro capítulo, quiso  hacer una carretera que uniera La Mata y Cistierna. A pesar de sus gestiones en Madrid, donde estaba bien relacionado, se murió sin ver su proyecto hecho realidad.

Otra pista, que también se puede recorrer en todoterreno, une La Mata con Ferreras. Se pasa por la collada de “Trabadillos” antigua Tabladillos, donde parece que existió un poblado. Desde este lugar se divisa otro valle no menos delicioso y desde donde se ve La Red.

 

 

 

 

 

 

 

La calle principal, llamada Real, a cuyos lados están situadas las viviendas, es larga y muy pendiente y recorre todo el  pueblo de norte a sur.

En el centro del pueblo, se conserva un torreón medieval de una antigua iglesia, con restos del antiguo palacio que fue de los Prado y una arcada de la capilla del palacio.

 El Santuario de la Virgen de la Velilla, declarado monumento nacional, así como los restos de lo que fue el monasterio de San Guillermo de Peñacorada, pertenecen al término de  este pueblo.

Aquí nació y vivió, Diego de Prado “El Dichoso”, que encontró la imagen de la Virgen.

Hay dos grandes romerías en honor a  la Virgen:  una se celebra en Pentecostés y otra el  segundo domingo de agosto. Ésta última es la romería de los veraneantes y emigrados. El patrón es el 5 de octubre, San Froilán.

Próximo al Santuario está el Centro de Turismo Rural la Velilla, con restaurante y alojamiento (ver enlaces a la derecha).

PEÑACORADA

La Cantábrica es una de las cordilleras más agrestes de Europa y tiene muchas montañas singulares.  

 

 Peñacorada, más que una montaña, es un macizo de unos 8 Kilómetros de largo por tres de ancho, compuesto y articulado mediantes tres picos sobresalientes que se suceden desde Cistierna hasta la Mata de Monteagudo. El primer pico preside Cistierna, con una altura de 1276 m.; el segundo en Valmartino con 1589 m.; ya en el concejo de Prado de la Guzpeña, el último pico se eleva sobre el Valle del Tuéjar, desde el cual se vislumbra el valle del Cea en su discurrir hacia tierras llanas.

Visible desde la tierra de Campos y los altozanos de León, esta sierra es la puerta de la Montaña Oriental, uniendo por el sur las cuencas altas del Cea y Esla. Peña mojonera de la nación Cántabra por el Suroeste y entrada al país de Vadinia, así lo confirma el hallazgo de una lápida, en la Iglesia de Robledo de la Guzpeña, perteneciente a Dovidero hijo de Amparamo, príncipe de los cántabros.

Su nombre, Peñacorada, tiene solera de milenios, se documenta en la alta y plena Edad Media como Corabita y Corabda, pasando a Cornada, Coralda y Coronada. Estas últimas son deformaciones de los dos originales y primeras.

Corada, Corabda son un compuesto prerromano de dos radicales de agua: Cor-Cora y Bed. No es raro que los celtas la bautizasen con ese nombre, dada la abundancia de notables fuentes en todo su contorno. Citamos, por ejemplo, el pueblo de  “Fuentes de Peñacorada”, próximo a  La Mata de Monteagudo. Peñacorada, significa pues,  “peña con agua”.

 

 

 

 

 

 

 

 

Las noticias de Peñacorada,  en la documentación del Monasterio de Sahagún, son frecuentes a partir del S. X. En ellas se cita la presencia de molinos e Iglesias en el Valle del Tuéjar, debajo de Cora-bita. Bita se conserva aun como nombre de una casa y arroyo en la parte sur de La Peña. Un anónimo de Sahagún la cita, en plena Edad Media, cuando describe la entrada en el reino de León de Alfonso de Aragón, en guerra con su mujer, la reina Doña Urraca, hija del rey Alfonso VI, nombrándola como Peña Cornadas. Un documento de donación, emitido en Villafranca por Fernando II, cita de nuevo a Penna Corabda. En el S. XIV, el Libro de la Montería de Alfonso XI, la nombra Peñacoralda, cuando cita las cacerías de osos y puercos en La Mata de Monteagudo.

Pues bien, historia aparte, Peñacorada ha presidido y presidirá el acontecer diario de todos los habitantes de los pueblos del Valle del Tuéjar, pero especialmente de los nacidos en La Mata de Monteagudo, por su mayor proximidad. Ha sido y será un regalo para nuestros ojos; zona de labranza y pastoreo de nuestros antepasados; refugio de cenobitas, como contaré en otro título; reclamo de excursionistas para alcanzar sus 1835 m. de altitud hasta llegar a la cima; en fin, una roca muy firme en nuestra alma. Sin olvidar que el Santuario de la Virgen de la Velilla se halla a sus pies.

 También destacamos como relevante Peña Villa, al lado de Peña Corada.

Ambas, pertenecen al término de La Mata de Monteagudo, guardan y rodean el pueblo y al Santuario de la Virgen de la Velilla  que se erige majestuoso en este bellísimo e incomparable paisaje.

Varias veces hemos ascendido a la cima de ambas montañas o las hemos bordeado. La serenidad y la paz que se experimenta en indescriptible.  Y desde luego se siente mayor cercanía a Dios.

RENEDO DE VALDETUÉJAR

Valle arriba, siempre siguiendo el curso del río Tuéjar, a 700 metros de San Martín de Valdetuéjar, llegamos a la antigua y noble villa de Renedo de Valdetuéjar, que durante siglos fue la capital del valle,  en la que todavía no hace muchos años podían admirarse los restos del Palacio, capilla y panteón de los marqueses de Prado. Hasta 1976, Renedo fue cabeza del Ayuntamiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

Posee una parroquia dedicada a San Adrián. Destacan Los Cuatro Evangelistas. Es un edificio del S. XVI, de una sola nave de cañón apuntado, capilla rectangular con bóveda de cañón. En el presbiterio otra bóveda vaída sobre ojivas con las armas de los De Prado en la clave. El Retablo Mayor es barroco policromado de S. XVII-XVIII, con un sagrario que viene del Palacio, al igual que los retablos laterales y los Tres Evangelistas, ya que el otro -San Marcos- se hizo pedazos cuando se apartó del retablo y se trasladó a la Iglesia.

En la actualidad se conserva el muro y algunas bases de la construcción original  del Palacio del S. XVII, sobre todo los torreones de las esquinas, que dan una idea de la grandiosidad de la edificación.

 

 Hoy en día, el Palacio de Renedo es entrada a la Obra Hospitalaria Nuestra Señora de la Regla en la ciudad de León, que se trasladó, no sin muchos avatares, piedra a piedra, en tiempos del Obispo Almarcha. 

Los lienzos de las fachadas principales se trasladaron a León a mediados del pasado siglo, para rescatar del abandono los imponentes restos y sus jardines que, en aquellos años, eran ya ruina total.

Es de estilo barroco y la fachada recoge los escudos nobiliarios de la familia, que llegó a tener un gran poder en el Reino de León y en la Corte de los Reyes de las Españas.

Otros  restos se utilizaron para distintas construcciones de la zona.

La fachada del Palacio de los Prado, que hoy podemos contemplar como fachada del Hospital de Nuestra Señora de la Regla en León, viajó como hemos dicho, en los años 60 del pasado siglo. Uno de los personajes más influyentes de aquella época, el Obispo Almarcha, quería construir un hospital para pobres y sacerdores. Pensó en la fachada de este Palacio que caminaba hacia  un expolio total. Una de sus joyas, la capilla, se veía cómo estaban siendo expoliados sus retablos e imágenes que acabaron a manos de particulares de estos pueblos. Las piedras que se iban cayendo fueron utilizadas en Cistierna o La Vecilla, entre otros lugares. Los guerreros de los torreones acabaron en un castillo de los duques de Alba en Ampudia (Palencia) y la segunda fachada del Palacio estaba destinada a una nueva Iglesia en Puente Castro, aunque esto último nunca llegó a hacerse realidad.

Los orígenes del Palacio se remontan al S. XVI, acabado en el XVII. A principios del S. XX, su propietario, el marqués de Bermas y Prado, se lo vendió, ya muy deteriorado, al industrial leonés Agustín Alfageme.  Posteriormente sufrió nuevas ventas hasta que, en 1954, el indiano Pablo Díez lo compró para ponerlo a disposición del Obispado.

Y así llegó a León. El INI quería construir el Hostal de San Marcos con terrenos también de la Iglesia, lo que exigía la renuncia de ésta a sus derechos. Por ello, a cambio pidió la construcción de un Hospital para pobres y sacerdotes. Hubo que derribar varias casas adosadas al Claustro de la Catedral leonesa y así se le hizo un espacio a este Hospital, que nació con las piedras de un Palacio, el de Renedo de Valdetuéjar, por obra y gracia del Obispo Luis Almarcha Hernández.

 Algunas de estas históricas piedras labradas fueron pagadas con maravedíes y reales de vellón procedentes de Salamón, del antiguo concejo de Aleón y de otros pueblos de la Montaña.

FAUNA

Un sin fin de ecosistemas conforman los espacios naturales de este valle del Tuéjar y alrededores: regatos, arroyos y ríos; frondosos bosques colinares de roble y haya; cumbres de Peñacorada y Peñavilla; prados verdes; brezales y piornales multicolores…, lo cual propicia una fauna variada y abundante.

Entre los grandes mamíferos que tienen presencia en esta zona y disfrutan de amplios espacios, podemos citar al oso pardo, el lobo, corzos y venados; jabalíes, zorros, liebres  y  ardillas; mustélidos como la comadreja y la  garduña. Cigüeñas, cuervos y águilas culebreras;  pequeñas aves: golondrinas  y  grajos; pequeños reptiles y anfibios:  culebras, lagartijas, sapos y ranas; e insectos varios: mariposas, libélulas, abejas, avispas, moscas y mosquitos; hormigas y arañas; entre los roedores, en los pastizales, corretea el topo

El lobo (Canis Lupus). Díficilmente vamos a encontrar una especie animal más polémica que el lobo. Por su depredación a los animales domésticos, el lobo ha sido casi exterminado en buena parte del mundo. Ya desde tiempo inmemoriales, la península ibérica ha estado ocupada por este cánido y  la montaña leonesa no ha sido menos. Hay constancia de la abundancia de la especie y de los daños a los ganados.  En las antiguas ordenanzas está que, era de obligado cumplimiento, salir de batida y, el hecho de negarse, era objeto de fuertes sanciones.

Adaptada la especie a los continuos cambios introducidos por el hombre en el medio ambiente, su distribución y abundancia está en consonancia con las posibilidades alimenticias, el refugio para la manada y la presión del hombre. Es una especie que se encuentra bien daptada en las zonas de Alta y Media Montaña. Se alimenta de gandes herbivoros salvajes como el corzo, el venado y ocasionalmente el jabalí. Pero no abandona los ataques al ganado doméstico:  ovejas, cabras y terneros.

 El ciervo (Cervus elaphus). Es una de las principales especies cinegéticas pertenecientes a los grandes herbívoros, junto con el corzo y el rebeco. También se caza el jabalí. La especie estrella es el ciervo, apreciado como trofeo por su corpulencia y gran cornamenta.

Es frecuente ver manadas de hembras y algún macho aislado. De costumbres nocturnas, se alimenta de hierbas, hojas, brotes tiernos, etc. Hacia el final del verano, al atardecer, machos y hembras salen de los bosques para agruparse en los valles, donde tiene lugar el apareamiento llamado comunmente “berrea”. Los machos braman y pelean golpeando sus cuernos para establecer la jerarquía y el dominio sobre las hembras.

El oso pardo (Ursus arctos arctos). En la actualidad es la especie emblemática de la Cordillera Cantábrica, que tiene en las montañas leonesas y palentinas, uno de sus últimos refugios.

Es un mamífero plantígrado, de enorme talla (casi dos m. de altura y unos 200 Kg. de pes0), de cabeza ancha con ojos y orejas pequeños,  patas cortas y muy robustas, con grandes garras y pelaje castaño oscuro. Es omnívoro, su dieta es variable, pero los vegetales constituyen el 85% de su alimento. Come frutos secos como hayucos, bellotas, frutos carnosos, manzanas silvestres y plantas herbáceas. En verano mueve enormes piedras en busca de insectos y larvas. Tampoco desprecia la carroña de los grandes ciervos que encuentra y le encanta la miel silvestre. En invierno, con las nevadas y cuando el alimento escasea, hiberna excavando oseras o en cuevas naturales. En el mes de enero, la hembra pare dos diminutos oseznos. 

El oso vive en los grandes bosques caducifolios y en valles y montañas poco transitadas. Este enorme animal de gestos casi humanos, está ligado a la historia de nuestros pueblos y así aparece en leyendas e historias de nuestros abuelos. Está en peligro de extinción y muy protegido.

RINCÓN DE LA POESÍA

Son pueblos y caminos montañeros que llevan a cumbres con alguna conexión histórica o literaria, con alguna tradición o leyenda local, aunque otras veces es su interés paisajístico el que me ha movido a incluirlos.

 

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 “Es la cumbre, por fin, la última cumbre.    

Y mis ojos entorno hacen la ronda

y cantan el perfil, a la redonda,

de media España y su fanal de lumbre.

Leve es la tierra. Toda pesadumbre

se desvanece en cenital rotonda.

Y al beso y tacto de infinita onda

duermen sierras y valles su costumbre”.                             Gerardo Diego

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“Hay dos maneras de traducir artísticamente  el paisaje en literatura. Es la una, describirlo objetivamente, con sus pelos y señales todas; y es la otra, dar cuenta de la emoción que ante él sentimos. Estoy más por la segunda… El paisaje sólo en el hombre, por el hombre y para el hombre existe en el arte. No sé apreciar la Naturaleza más que por la impresión que en mi produce”.

                                                                                                Miguel de Unamuno

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“Montaña inaccesible, opuesta en vano   

al atrevido paso de la gente,                   

O nubes humedezcan tu alta frente,

O nieblas ciñan tu cabello cano.”

Luis de Góngora

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